«Comencemos siempre de nuevo, hermanos, a servir al Señor,
porque hasta ahora poco o nada hemos hecho».
(cf. 1ª biografía de Tomas de Celano 103).

Educar es el arte que posibilita al educando descubrir sus potencialidades y facilitar el desarrollo de su capacidad para llegar a ser un ciudadano libre, bueno, feliz y consciente de su individualidad y del compromiso.
La Provincia Española de la Tercera Orden de San Francisco asume esta tarea educativa como compromiso evangélico y contribuye a construir una sociedad que viva de acuerdo al humanismo cristiano.

MISIÓN

Hacia dónde vamos

Los Franciscanos TOR nacimos como un movimiento laical, en el contexto de la sociedad e iglesia de los siglos XII-XIII, con la misión de ayudar a las personas a dar sentido a sus vidas, a ser mejores y a hacer el bien, es decir, a vivir reconciliadas consigo mismas, con Dios, con la naturaleza y con la sociedad. Para ello, seguimos el ejemplo de Francisco de Asís y de nuestros hermanos y hermanas, por haberse dejado modelar por el Evangelio, por su fidelidad a la Iglesia y por su identificación con los más necesitados.

Los Franciscanos TOR en España, a partir de la restauración en 1893, nos hemos insertado en la realidad social, dando respuesta a las demandas sociales de la zona con vistas a mejorar su condición de vida. Desde ese momento, los hermanos fueron creando centros educativos vinculados a las fraternidades, optando por la formación y la educación de los niños y jóvenes, para que se abrieran camino en el mundo laboral y aprendieran a dar sentido a sus vidas desde la experiencia religiosa y los valores evangélicos.
Nuestras comunidades educativas tienen como lema “Paz y Bien”. Nos une a toda la familia franciscana y significa que aprendemos juntos a:

 Vivir el día a día trabajando la paz interior y acogiendo a los demás con amabilidad y bondad.
 Ser pacificadores, capaces de resolver conflictos y generar buena convivencia.
 Comprometernos a hacer el bien, en consonancia con las «obras de misericordia».

Nuestra visión del arte educativo nos lleva a trabajar para que nuestros alumnos adquieran una visión realista de sí mismos y del mundo que les rodea:
Impulsando y cultivando el esfuerzo, la capacidad de superación y el trabajo bien hecho; no solo como medios necesarios para la adquisición de sus objetivos, sino como valores y actitudes necesarios en nuestra sociedad actual.

Favoreciendo una actitud crítica y, a la vez, optimista de lo que pasa en el mundo.
Desarrollando personas con habilidades para gestionar sus emociones.
Fomentando la interioridad, la espiritualidad y la toma de conciencia del sentido de la gratuidad, de la admiración y del respeto por la Creación.

Desde nuestra Institución tenemos una doble visión de la realidad y un doble sueño:
Una visión de esperanza que genera expectativas positivas en las personas, los equipos y las familias, partiendo de su potencial y no de sus carencias.
Una visión del Evangelio que ofrece una formación espiritual y religiosa, desde la experiencia de fe personal, integrada en la cultura y comunidad eclesial que inició Jesús de Nazaret.

Tenemos un sueño pedagógico en el que los alumnos se sientan y sean protagonistas de su propio desarrollo. Para conseguirlo posibilitamos la ayuda del profesor -como guía-, que valore más las potencialidades que las carencias del alumnado, fomente el pensamiento crítico y el compromiso ético2; también trabajamos las inteligencias múltiples y la transversalidad de los aprendizajes, adaptándolos a las necesidades reales de cada alumno y de la sociedad, desde la normalización y la inclusión.

A la vez que tenemos un sueño evangelizador, porque estamos convencidos de que la espiritualidad configura todo lo humano y es el verdadero cauce para comprender tanto la vida interior de la persona -pensamientos, sentimientos, creencias y deseos como sus acciones, obras y estilo de vida, de tal forma que, como comunidad educativa, lleguemos a ser un colegio católico en diálogo con otras religiones y sensibilidades, siguiendo el espíritu de Francisco de Asís.

Por ello, fieles a su ejemplo, apostamos por una educación de la interioridad que se abra a la Trascendencia y al servicio a los demás.
En ese proceso ofreceremos espacios y tiempos para que experimenten su dimensión espiritual y religiosa como algo natural, positivo y enriquecedor, y fomentaremos la práctica religiosa -vivida en comunidad y en constante proceso de mejora personal-, para que lleguen a descubrir cuál puede ser su proyecto de vida, el que dará sentido a su existencia desde su propia vocación.
En definitiva, desarrollaremos las competencias del alumnado en las dimensiones personal, cognitiva, emocional, social y espiritual, favoreciendo su desarrollo integral.

VISIÓN

Dónde estamos

VALORES

Con qué contamos

Los cuatro valores troncales que expresan nuestra identidad franciscana, desde el “Cántico de las Criaturas” y la tradición penitencial, son:

El valor de la ecología

Acogemos la bondad y cercanía de Dios y fomentamos la capacidad de admirar y asombrarse con gratitud ante toda la Creación, y así vivir en sintonía con todas las criaturas, sintiendo la existencia como un regalo y una tarea, en actitud de
familiaridad con el Creador.

El valor de la fraternidad

Nos comprendemos como hermanos de toda la humanidad, de todas las criaturas y, en consecuencia, fomentamos las relaciones sanas y el cuidado.

El valor del Perdón

Potenciamos una actitud de cambio y de segundas oportunidades en un mundo en constante transformación, partiendo de la experiencia del perdón y la reconciliación con uno mismo hasta llegar al perdón mutuo y ayuda en la gestión de conflictos.

El valor de la misericordia

Preparamos a nuestra comunidad educativa para la «acogida incondicional» del otro con un amor entrañable, sin prejuicios ni etiquetas, y practicamos la compasión mirando a los demás desde los ojos bondadosos de Dios.

A través de estos valores ofrecemos una educación integral de la persona, la adquisición de estrategias y competencias que le lleven a organizar el pensamiento y le permitan continuar con un aprendizaje progresivo a lo largo de toda la vida.

CULTURA ORGANIZATIVA

Principios que orientan nuestra cultura comunicativa y emocional.

Propiedades y competencias de nuestros educadores.

Rasgos de nuestros equipos directivos.

– Un estilo de vida sencillo, familiar y acogedor.
– Una cultura basada en las personas y en los equipos como elementos esenciales del trabajo diario, concienciando a todos de la responsabilidad y la implicación en la vida del centro para mejorar, con inteligencia emocional, el bienestar de toda la
comunidad educativa.
– Una comunicación sincera, asertiva y transparente que genere un clima de confianza y participación. Para ello favorecemos el encuentro humano y personal como ideal de relación, guardándonos del peligro de la distancia y frialdad de una sociedad globalizada y tecnológica.
– Un compromiso de sostenibilidad con el medio ambiente aprovechando los medios y recursos que tenemos a nuestro alcance para cultivar y cuidar la Creación.

– Preparación académica.

– Adaptación al proyecto educativo del centro y contribución a su desarrollo y mejora.

– Compromiso para trabajar en equipo y de forma transversal.

– Capacidad comunicativa que despierte el interés por aprender, con empatía hacia el alumnado, y que posibilite servirle de acompañante y guía.

 

 

Liderazgo abierto, orientado a la toma de decisiones por consenso, experto en la escucha, la empatía, la confrontación y la asertividad.
– Transparencia y discreción en la gestión y el servicio.
– Espíritu inquieto e innovador para promover la mejora continua.
– Interiorización de la propuesta educativa y compromiso de hacerla cumplir desde
la cercanía y el apoyo de la titularidad.